Discurso del Secretario General en el acto de alto nivel con motivo de 25 aniversario de la Declaración y el Programa de Acción de Durban
La lucha contra el racismo y la discriminación exige un compromiso global basado en la dignidad, la igualdad y los derechos humanos para todos.
Las Naciones Unidas se guían por un propósito sencillo pero profundo:
Contribuir a la construcción de un mundo más pacífico, justo e igualitario, en el que se respeten la dignidad y los derechos de todas las personas.
Se trata de un imperativo moral y de una responsabilidad compartida.
Los Estados Miembros han asumido un solemne compromiso:
- Combatir el racismo.
- Erradicar la discriminación en todas sus formas.
- Promover la dignidad, los derechos humanos y la igualdad de todas las personas afectadas por el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia.
Esta misión es hoy aún más urgente que cuando se adoptaron la Declaración y el Programa de Acción de Durban hace veinticinco años.
Como vemos en todo el mundo, el racismo sigue envenenando las sociedades, profundizando las desigualdades y negando a las personas sus derechos y libertades fundamentales.
Está profundamente arraigado en las herencias persistentes del colonialismo, la esclavitud y la opresión.
Y adopta múltiples formas: desde las desigualdades económicas, sociales y políticas dentro de los países y entre continentes… Hasta leyes, políticas e instituciones que discriminan a las personas por su raza, religión, color, ascendencia u origen nacional o étnico… Hasta la negación cotidiana de la dignidad, los derechos, la seguridad y la igualdad de oportunidades que enfrentan las personas de ascendencia africana, los pueblos indígenas, los migrantes, los refugiados y las minorías… Hasta las herramientas y tecnologías digitales que amplifican la difusión de discursos de odio y desinformación, perpetúan mentiras y estereotipos nocivos, y alimentan la violencia y el abuso.
Excelencias, El antídoto contra estos males es la unidad y la acción concreta.
Los gobiernos deben reforzar y aplicar de manera efectiva las leyes de igualdad y contra la discriminación, así como las instituciones encargadas de hacerlas cumplir.
También deben redoblar esfuerzos para desmantelar la discriminación sistémica e invertir en sociedades inclusivas e igualitarias.
Si bien los gobiernos deben asumir el liderazgo, todas las personas tienen un papel que desempeñar.
Las empresas deben respetar el derecho a la igualdad y a la no discriminación, previniendo la discriminación directa e indirecta y creando lugares de trabajo en los que todas las personas puedan aportar sus talentos e ideas.
Las empresas tecnológicas deben identificar, mitigar y abordar los sesgos en los sistemas de inteligencia artificial, y garantizar que las tecnologías digitales promuevan la igualdad, la inclusión y la justicia digital, en lugar de socavarlas.
Excelencias,
Como destacará su mesa redonda, las generaciones más jóvenes están llevando este espíritu de dignidad, justicia e igualdad a los espacios donde se decide su futuro: aulas, comunidades, lugares de trabajo, laboratorios tecnológicos y plataformas digitales.
De cara al futuro, el mundo debe afrontar las consecuencias persistentes de la esclavitud, el colonialismo y la discriminación racial mediante medidas concretas que permitan lograr justicia reparadora basada en el derecho internacional de los derechos humanos. Debemos hacer de la Segunda Década Internacional de los Afrodescendientes una década de cambios tangibles.
Y necesitamos avanzar hacia la ratificación universal y la plena aplicación de la Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial.
Excelencias,
Hoy, y todos los días, alcemos la voz.
Unidos, defendamos la dignidad, los derechos y el sentido de pertenencia de todas las personas.
Unidos, rechacemos la injusticia.
Unidos, construyamos sociedades en las que el racismo y la discriminación no tengan cabida — hoy y por siempre.
Gracias.