Intervención de la Presidenta de la Asamblea General 30° aniversario del Programa Mundial de Acción para la Juventud
La ONU celebra su primera reunión de alto nivel sobre juventud, reconociendo su rol como líderes actuales y agentes clave para construir un futuro más justo.
Intervención de la Presidenta de la Asamblea General, S.E. Sra. Annalena Baerbock
Reunión plenaria de alto nivel para conmemorar el 30° aniversario del Programa Mundial de Acción para la Juventud
El domingo por la mañana, justo antes del inicio de la Semana de Alto Nivel, tuve el placer de acompañar a algunos líderes juveniles en una “Carrera por la Juventud”.
Al principio, siendo sincera, me preocupaba un poco poder seguirles el ritmo, pero evidentemente lo logré.
Lo maravilloso de esa carrera en Central Park fue que los jóvenes expresaron las cosas de forma directa y clara, cosas que normalmente tomarían horas en una sala de conferencias.
Como Hanna Mulugeta, una defensora juvenil de 28 años de Etiopía —y probablemente esté aquí con nosotros en la sala—, quien me habló de lo frustrante que es para ella, como profesional con experiencia, que siempre la consideren “demasiado joven” cuando se trata de representación en temas de juventud, mesas de diálogo por la paz o asuntos económicos, pero lo suficientemente mayor como para ser llamada a combatir en una guerra.
Cuando estalla una guerra, son las juventudes de 18 o 20 años quienes son convocadas primero.
O como lo expresó Zakira Rasooli, una joven de 25 años de Afganistán, cuando le preguntaron “¿qué representa la ONU?”.
No necesitó un discurso de 30 minutos, solo dijo una palabra: “esperanza”.
Porque ella sabe lo que realmente significa la esperanza: como niña en una aldea de Kandahar, pudo asistir a la escuela y tratar de mejorar su país, pero cuando los talibanes retomaron el poder, vio cómo todo por lo que había trabajado se destruyó en cuestión de días y semanas.
Tuvo la oportunidad de salir de su país, pero eso implicó dejar atrás su escuela, su familia, sus amistades y todas las oportunidades de futuro.
Así que recordemos esta semana, y también en el futuro, que si la esperanza no es solo una palabra, sino una promesa para niñas y jóvenes como Zakira en los momentos más oscuros de sus vidas, entonces trabajemos cada día para hacer realidad esa esperanza.
Porque muchos jóvenes en todo el mundo ven la bandera azul ondeante de las Naciones Unidas como exactamente eso: la promesa de un futuro mejor, un futuro más libre, un futuro que aún puede cumplirse.
Y ese es el propósito de estas Naciones Unidas: elevar las voces de quienes son ignorados con demasiada frecuencia y actuar en su favor.
Por eso estamos hoy aquí, en la primera Reunión de Alto Nivel de la Asamblea General dedicada a la juventud.
Si retomamos la franqueza y honestidad de los jóvenes del domingo por la mañana, hay que admitir que cuesta creer que esta sea realmente la primera reunión de este tipo.
Cuando casi la mitad de la población mundial tiene menos de 30 años.
Y no tengo dudas de que si más jóvenes hubieran estado presentes en conversaciones como esta, formando parte de delegaciones y votando resoluciones, esta reunión habría ocurrido hace años.
O como lo dijeron con claridad los corredores del domingo: no se puede seguir discutiendo sobre nuestro futuro sin nosotros, que somos el futuro.
¿Cómo sería justo hablar del futuro sin tener a las juventudes—el futuro— en la mesa?
Pero quiero subrayar que la participación juvenil no se trata solo de invitar jóvenes a las reuniones.
No estamos aquí para cumplir con una formalidad.
Se trata de integrar verdaderamente su experiencia de vida y sus conocimientos para moldear las políticas públicas.
¿Quién mejor para abogar por el futuro que quienes viven los desafíos del presente?
Son quienes pueden describir vívidamente lo que significa enfrentarse a mercados laborales casi inaccesibles.
Imaginen terminar una carrera, obtener un título, y luego enfrentarse a tasas de desempleo del 60 o incluso 70%.
Y mientras tanto, grupos armados ofrecen reclutamientos lucrativos, mientras no se puede encontrar un empleo digno una y otra vez.
O lo que significa enfrentar las amenazas que acechan en redes sociales y foros en línea: el acoso, el odio, el abuso sexual.
El ciberacoso ha convertido el espacio digital en un lugar de hostigamiento anónimo y viral que puede destruir reputaciones y vidas en una sola noche.
Y hay estudiantes que ya no pueden escapar de ello.
Antes también existía el acoso escolar, pero al terminar la jornada, las infancias volvían a casa y jugaban con sus amigos.
Ahora tienen dispositivos digitales incluso por la noche. Y para ellas y ellos, el acoso nunca termina.
También vemos una gran brecha en torno a los deepfakes (videos o audios manipulados con inteligencia artificial para parecer reales), especialmente los de naturaleza sexual, que afectan cada vez más a mujeres en redes sociales.
Una de cada ocho juventudes entre 13 y 20 años conoce personalmente a alguien que ha sido víctima de imágenes falsas de desnudos generadas digitalmente.
En estos casos, y en todos los aspectos de nuestra experiencia humana, no se puede hablar del mundo sin incluir estas vivencias.
Pero también ocurre lo contrario: en redes sociales, las juventudes son expertos.
Son gamers que no solo programan juegos, sino que también pueden encontrar soluciones para el uso de drones.
Son quienes inician carreras a los 16 o 17 años como influencers o creadores de contenido en línea.
Son quienes están moldeando nuestro mundo digital.
Presidenta Siljanovska-Davkova,
Presidente Boko,
Subsecretario General Ryder,
Excelencias,
Líderes juveniles,
Damas y caballeros,
Como nos recuerda a menudo el Secretario General, las juventudes diseñan su propio futuro.
Pero no deberían tener que hacerlo solas.
Y me enorgullece que hoy nos acompañen asesores juveniles, líderes y activistas que abogan por políticas en sostenibilidad, desarrollo comunitario, derechos de las personas con discapacidad, salud y acción climática.
Las juventudes no están esperando al mañana para convertirse en líderes; ya son los líderes de hoy.
Su trabajo ha generado cambios políticos al más alto nivel.
Recordemos que hace seis años, 27 estudiantes del Pacífico pidieron a la Corte Internacional de Justicia que abordara el tema del cambio climático, defendiendo no solo su presente, sino también a las generaciones futuras.
Muchas personas en el mundo —incluso en esta sala, me atrevería a decir— pensaron: “bueno, fue un buen intento”.
Pero hace dos años, los miembros de la Asamblea General escucharon ese llamado y adoptaron una resolución solicitando una opinión consultiva.
Y en julio de este año, la Corte Internacional de Justicia emitió su histórica opinión sobre las obligaciones climáticas de los Estados.
27 jóvenes, entre millones. 6 años. Y una sola visión que cambió la política climática global.
Ese es el poder de la juventud. Ese es el poder de la esperanza.
Mientras líderes mundiales ignoran sus responsabilidades climáticas —o incluso niegan el cambio climático—, las juventudes están movilizando la acción climática y llenando ese vacío.
Nos desafían, nos inspiran. Nos hacen mejores. Hacen del mundo un lugar mejor.
La 80ª sesión de la Asamblea General ofrece la oportunidad de aprovechar ese poder para reformar nuestra institución, para cumplir con las generaciones, para trabajar en conjunto.
Para hacer que nuestra institución sea más fuerte, más significativa, inclusiva y eficaz.
Y ese es el trabajo que debemos hacer ahora.
No solo dentro del proceso de la ONU 80, sino también para cumplir con el Pacto por el Futuro, invertir y promover la participación de las juventudes, y asegurar un futuro mejor para todos.
Y en la Declaración sobre las Generaciones Futuras, incluir los intereses de las generaciones venideras en todas las decisiones.
Esto no es solo una cuestión de juventud, sino una cuestión de solidaridad intergeneracional.
Esto es lo que acordamos en el Pacto por el Futuro, y esto también debe reflejarse en el proceso de la ONU 80, así como en la selección de la/ el próximo Secretario General que liderará esta Organización: incluir estas voces.
Y si me permiten terminar con una nota personal y un consejo no solicitado para las juventudes presentes —aunque no soy mucho mayor que algunos de ustedes—:
Cuando comencé mi carrera política en Alemania, a menudo era la más joven, especialmente la mujer más joven, y además madre de dos niños pequeños.
Y sé cómo suena cuando te dicen: “Bueno, eres bastante joven”.
No siempre es un cumplido, pero recuerden: cuando escuchen esa frase, incluso si viene con un tono condescendiente, es señal de que están en el camino correcto.
Porque no solo están siendo vistos, sino que claramente pueden influir en algo.
Así que tomen esa frase con orgullo.
Construyan sobre las experiencias que ya han vivido, porque saben que tienen contribuciones que están haciendo de este mundo un lugar mejor.
En ese sentido, me honra estar aquí con ustedes y compartir esta primera reunión dedicada a la juventud, porque podemos moldear este futuro juntas y juntos.
Como los 27 jóvenes que llevaron su causa a una corte internacional.
Como Hanna y Zakira, que creen en nuestras instituciones. Ellas saben que ustedes son los agentes que pueden redirigir nuestras fortalezas.
Así que construyan sobre eso.
Sean mejores en conjunto.
Gracias.