Intervención de la Presidenta de la Asamblea General, S.E. Sra. Annalena Baerbock en el Debate General UNGA80
Al abrir el 80.º Debate General de la ONU, clamamos por un multilateralismo renovado, solidaridad planetaria y acción colectiva para paz y derechos humanos.
Apertura del 80° Debate General
Ochenta años.
Más que la vida promedio de una persona.
Este aniversario de las Naciones Unidas debería haber sido un momento de celebración.
Pero este no es un año común.
Basta con mirar el estado del mundo, como lo describió el Secretario General.
Miles de huérfanas y huérfanos en Gaza deambulan entre los escombros comiendo arena y bebiendo agua contaminada.
Mujeres de noventa años en Ucrania se esconden de los drones, atrapadas en sus hogares en lugar de vivir sus últimos años en paz.
Las infancias en Haití tienen miedo de ir a la escuela, temen ser asesinadas por pandillas, como sus amigas y amigos.
Y por cada conflicto y tragedia que acapara los titulares, hay muchos más que son olvidados.
Perdidos en el ciclo de noticias.
Como las mujeres en la República Democrática del Congo que protegen a sus hijas de grupos armados, temiendo que puedan ser violadas.
Y las infancias rohinyás, que pasan toda su infancia en tiendas de campaña desgastadas.
Sin poder recordar cómo es un hogar.
Ante estas realidades, este no es momento de celebrar.
Sino de preguntarnos:
¿Dónde están las Naciones Unidas?
Excelentísimas y excelentísimos Jefes de Estado y de Gobierno,
Sr. Secretario General,
Excelencias,
Damas y caballeros,
Personas en todo el mundo que nos observan:
Claramente, debemos hacerlo mejor.
Pero lo que no debemos permitir es que los cínicos utilicen estos fracasos como arma.
Para argumentar que nuestra institución es una pérdida de dinero.
Obsoleta.
Irrelevante.
Cuando se ignoran los principios de la Carta, ¿es la ONU la que ha fracasado?
Cuando los tanques entraron en Ucrania, ¿fue porque el Artículo 2° de la Carta no es lo suficientemente claro sobre la soberanía y la integridad territorial?
Cuando se mata a civiles, a las infancias en Gaza, ¿es culpa del derecho humanitario por no protegerles?
No es la Carta la que falla.
No es la ONU como institución la que falla.
La Carta, nuestra Carta, solo es tan fuerte como la voluntad de los Estados Miembros de defenderla.
Y su disposición para responsabilizar a quienes la violan.
Excelencias,
Sí, nuestro mundo está sufriendo.
Sí, hemos fallado.
Pero imaginen lo mucho peor que sería sin las Naciones Unidas.
¿Habría una sola persona que estuviera mejor sin ella?
Sin UNICEF, 26 millones de niños no habrían recibido educación.
Sin el Programa Mundial de Alimentos, casi 125 millones de personas no habrían recibido asistencia alimentaria vital.
Sin la Organización Mundial de la Salud, no se habrían suministrado más de mil millones de vacunas.
A veces podríamos haber hecho más.
Pero no podemos dejar que eso nos desanime.
Si dejamos de hacer lo correcto, el mal prevalecerá.
Esta 80ª sesión no se trata de grandes celebraciones.
Se trata de encontrar la determinación para no rendirse.
La determinación de ser mejores juntas y juntos.
Tal como lo hicieron nuestros predecesores hace ocho décadas.
Esta institución nació en un mundo en llamas y desesperado por alivio.
750 millones de personas –casi un tercio de la humanidad en ese entonces– aún bajo dominio colonial.
Dos guerras mundiales en una generación.
70 millones de muertos.
Los horrores del Holocausto revelados para vergüenza colectiva.
Esa fue una generación que conocía casi exclusivamente el sufrimiento y la desesperación.
La firma de la Carta en 1945 dio esperanza a millones.
Nos dio una estrella polar que orientó nuestro camino desde las cenizas de la guerra.
Ayudó a guiar a las naciones desde el dominio colonial hacia estados independientes.
Ayudó a poner fin al apartheid.
A lo largo de las décadas, las Naciones Unidas han sido una brújula que apunta hacia la paz, la humanidad y la justicia.
No siempre hemos tenido éxito.
Pero la historia de esta institución no es una historia de victorias fáciles.
Es la historia de caer y levantarse.
De ayudarnos mutuamente a levantarnos y esforzarnos más.
Nos reunimos aquí por octogésima vez.
No para celebraciones vacías.
No por rutina.
No para escucharnos a nosotras y nosotros mismos.
Nos reunimos para demostrar que esta institución importa.
Y que a través de ella, cada nación aquí representada, sin importar su tamaño, puede volver a convocar la fuerza y unidad que se mostró por primera vez en San Francisco, hace 80 años.
El coraje y la determinación de líderes que, incluso cuando algunos los llamaban ingenuos, creían que podían construir un mundo mejor desde los escombros del anterior.
Ellas y ellos mostraron entonces lo que es el verdadero liderazgo.
No se trata de imponer tu voluntad.
Ni de menospreciar a otras personas.
El verdadero liderazgo consiste en elevar a los demás.
No solo por altruismo,
Sino por beneficio mutuo.
Incluso por interés propio.
Porque—como entendieron nuestras y nuestros fundadores y cada arquitecto de la paz desde entonces—ayudar a otras personas es lo que finalmente fortalece a nuestros propios países.
¿Podría algún Estado haber enfrentado solo una pandemia global?
El virus no tenía pasaporte.
Solo pudimos resolverlo al final con el apoyo de la Organización Mundial de la Salud.
La crisis climática no se detiene en las fronteras.
Las emisiones de CO₂ en cualquier lugar afectan a las personas en todas partes.
Ni siquiera las ciudades más ricas del mundo pueden protegerse de los incendios forestales.
Y piensen, al venir aquí en avión, ¿qué tan seguros se sentirían al subir al siguiente avión si no existiera la Organización de Aviación Civil Internacional, que establece regulaciones de seguridad para 5 mil millones de pasajeros cada año?
¿Qué tan tranquilos estarían dejando que sus hijas e hijos usen internet mientras la inteligencia artificial no está controlada ni regulada,
y las líneas entre lo real y lo falso comienzan a desdibujarse?
En este mundo globalizado y digitalizado, trabajamos en conjunto—o sufrimos solos.
Excelencias,
El tema de esta sesión histórica y de la Semana de Alto Nivel es: Mejores Juntos: Ochenta Años y Más por la Paz, el Desarrollo y los Derechos Humanos.
¿Será fácil cumplir con ese tema?
No.
Pero este Salón no fue construido para los tiempos fáciles.
Fue construido para unirnos y enfrentar los temas más difíciles.
Esta sesión, esta semana de alto nivel, trata de resolver diferencias.
Ya lo demostramos ayer.
Pero incluso la casa del diálogo y la diplomacia necesita una renovación.
Por eso la Iniciativa ONU80, y el proceso de reforma más amplio, no son lujos, sino necesidades.
Estamos literalmente en una encrucijada.
Un momento decisivo, política y financieramente.
Debemos lograr una ONU ágil, eficiente y adecuada para su propósito.
Los Estados Miembros deben brindar al Secretario General y a este proceso su pleno apoyo, porque la reforma no puede detenerse en Nueva York.
Debe llegar a cada capital.
Eso incluye concretar el Pacto para el Futuro y acelerar el progreso en los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Una vez más, esto no se trata de caridad.
Se trata de abordar los propósitos fundamentales de esta institución.
De fortalecer nuestras bases en los tres pilares:
Paz y seguridad.
Derechos humanos.
Desarrollo sostenible.
Son inseparables.
Dejar a cientos de millones atrapados en la pobreza extrema, vulnerables a las crisis y privados de sus derechos humanos no solo es un fracaso moral.
Es una receta para el desorden global, el terrorismo y un trágico desperdicio del mayor recurso de la humanidad: su gente.
En pocas palabras: sin los ODS, no puede haber paz duradera.
Excelencias,
Nuestro futuro como institución también estará marcado por la elección del próximo Secretario General.
Y aquí debemos hacer una pausa y reflexionar.
En casi ochenta años, esta Organización nunca ha elegido a una mujer para ese cargo.
Uno podría preguntarse cómo, entre cuatro mil millones de posibles candidatas, no se ha encontrado ni una sola.
Por supuesto, la decisión recae en los Estados Miembros.
Pero quienes estuvieron ayer celebrando Beijing: una líder fuerte tras otra, de todos nuestros continentes.
Como hace 80 años, estamos en una encrucijada.
Y depende de nosotros, de cada Estado Miembro, estar a la altura del liderazgo de nuestros predecesores.
Actuar cuando se necesita acción.
Defender los principios de nuestra Carta.
Ser mejores en conjunto.
Mostrar a los pueblos del mundo que esta ONU está presente.
Hoy. Mañana. Y durante las próximas ocho décadas.
Porque, al fin y al cabo, es el seguro de vida de cada país.