Intervención de la Vicesecretaria General de las Naciones Unidas en el Encuentro sobre Inteligencia Artificial y Desarrollo Humano
Amina J. Mohammed
Vicesecretaria General de las Naciones Unidas
Ciudad de México
Su Excelencia Rosaura Ruiz Gutiérrez, Secretaria de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación de México;
Su Excelencia Roberto Velasco Álvarez, Secretario de Relaciones Exteriores de México;
Su Excelencia Enrique Javier Ochoa Martínez, Subsecretario para Asuntos Multilaterales y Derechos Humanos;
Excelencias,
Colegas, amigas y amigos,
Gracias por acompañarnos hoy en la Ciudad de México.
Mi agradecimiento al Gobierno de México, a nuestra Coordinadora Residente, Allegra Baiocchi, y a todo el equipo de las Naciones Unidas en México por hacer posible este encuentro.
Sean todas y todos bienvenidos a esta reunión regional sobre Inteligencia Artificial y Desarrollo Humano.
Esta conversación complementa y fortalece el trabajo del Secretario General de las Naciones Unidas en torno al Pacto Digital Mundial, un marco compartido para la cooperación digital con compromisos para conectar a todas las personas, protegerlas en línea y gobernar la inteligencia artificial. El Pacto dio origen al Diálogo Mundial sobre la Gobernanza de la Inteligencia Artificial y a la creación del Panel Científico Internacional Independiente sobre Inteligencia Artificial. Los encuentros sobre IA y desarrollo humano, en esta y otras regiones, contribuirán a llevar sus voces a ese proceso.
Hoy quisiera comenzar por lo humano.
El cerebro humano sigue siendo el motor de inteligencia más extraordinario que conocemos.
Hacemos mucho más que procesar información. Creamos significado.
Somos capaces de asumir responsabilidades, experimentar el duelo, la fe y la duda, y ejercer la imaginación moral.
Pero hoy la humanidad se encuentra frente a una poderosa nueva forma de inteligencia creada por ella misma.
El auge de la inteligencia artificial nos obliga a plantearnos una pregunta compleja, quizá incómoda: ¿qué sucede con la sociedad cuando la inteligencia deja de ser exclusivamente humana? ¿O realmente deja de serlo?
Durante estos dos días queremos aportar a esa pregunta la historia, las experiencias vividas y la sabiduría de América Latina y el Caribe.
Esta es una región de tradiciones extraordinariamente ricas, pero también de una historia profundamente dolorosa.
Gran parte de lo que vimos ayer en el museo se remonta a miles de años. Olmecas, zapotecas, mixtecas, mayas y mexicas fueron civilizaciones que escribieron bibliotecas enteras sobre astronomía, medicina y profecía. Vale la pena recordarlo para comprender lo que vino después.
La conquista colonial trajo consigo una catástrofe y un genocidio a escala continental. Comunidades enteras fueron destruidas y los pueblos indígenas fueron expulsados de sus territorios.
La agresión también fue contra la memoria colectiva. Se reprimieron lenguas. Conocimientos acumulados durante milenios de civilización —incluidos los códices mayas— fueron deliberadamente quemados. Muchas tradiciones arraigadas en la tierra, la comunidad y la memoria se perdieron, aunque algunas sobreviven gracias a las comunidades y a los descendientes que hoy nos acompañan en este recinto.
Posteriormente, el orden colonial organizó gran parte de la región alrededor de la extracción. La plata fue extraída de México y Potosí. El azúcar de Brasil y el Caribe fue producida mediante el trabajo de personas africanas esclavizadas. La riqueza fluyó hacia las capitales imperiales.
Nunca fue un intercambio entre iguales.
La independencia cambió quién gobernaba, pero no transformó de inmediato la posición económica de la región. América Latina y el Caribe continuaron abasteciendo al mundo de café, cobre, caucho y petróleo, mientras la tecnología y la producción de mayor valor permanecían concentradas en otros lugares.
La región suministraba las materias primas y luego compraba los productos elaborados por otros.
Raúl Prebisch, el economista argentino que dirigió la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), denominó este desequilibrio como la relación entre centro y periferia.
La periferia aportaba los recursos.
El centro controlaba la tecnología y capturaba la mayor parte del valor.
La tecnología ha cambiado, pero el patrón persiste: la región aporta los datos y el talento, mientras otros controlan los sistemas y capturan el valor.
La inteligencia artificial ofrece a América Latina y el Caribe la oportunidad de romper ese patrón.
Pero puede avanzar en cualquiera de dos direcciones: puede ayudar a reducir las desigualdades y los déficits de desarrollo que enfrenta la región o reproducirlos con mayor velocidad y escala.
La verdadera medida debe ser las personas: su bienestar, su dignidad, sus derechos y sus vínculos sociales.
América Latina posee sus propias tradiciones para responder a esa pregunta.
Sumak Kawsay, expresión kichwa frecuentemente traducida como buen vivir, entiende el progreso no simplemente como un mayor crecimiento económico, sino como bienestar colectivo y equilibrio con la naturaleza.
Son tradiciones vivas que ofrecen una sabiduría capaz de ayudar a la región a orientar el cambio tecnológico conforme a su propia visión de una buena vida y a impulsar el desarrollo en sus propios términos.
Todo comienza por garantizar que las personas de esta región puedan verse reflejadas en la tecnología.
Aquí viven más de 800 pueblos indígenas, que representan alrededor de 60 millones de personas.
Muchas de sus lenguas y sistemas de conocimiento se transmiten de manera oral. Cuando los sistemas de inteligencia artificial se entrenan principalmente con materiales escritos recopilados en otros lugares, ese conocimiento puede distorsionarse o volverse invisible.
Actualmente, el Centro Nacional de Inteligencia Artificial de Chile, junto con treinta instituciones asociadas, desarrolla LATAM-GPT, un modelo de código abierto entrenado con datos de la región.
Su primera versión está disponible en español y portugués, pero los equipos de investigación también desarrollan herramientas para náhuatl, quechua, guaraní y mapudungun con el consentimiento de las comunidades involucradas.
Ese es un ejemplo de lo que significa una transformación inclusiva: una tecnología construida a partir de una comprensión más completa de las personas a las que pretende servir.
Las decisiones adquieren aún mayor relevancia cuando observamos algunos de los desafíos más complejos de la región.
América Latina ha sido pionera en reconocer el feminicidio en la legislación. Veinte países ya incorporan el feminicidio o los asesinatos de mujeres por razones de género en sus marcos jurídicos.
La inteligencia artificial entraña tanto riesgos como oportunidades.
Puede intensificar la violencia contra las mujeres, incluso en los espacios digitales.
O puede ayudar a identificar patrones de abuso, fortalecer la prevención y mejorar la rendición de cuentas.
Lo mismo ocurre con la delincuencia organizada. Las redes criminales pueden utilizar la IA para operar con mayor rapidez y cruzar fronteras. Pero los Estados y los gobiernos también pueden emplearla para fortalecer la cooperación, la investigación y la prevención, siempre con salvaguardas firmes de derechos humanos.
Existe además otra oportunidad: actuar conjuntamente por una razón tan antigua como poderosa: las economías de escala.
El genio de la inteligencia artificial ya salió de la botella.
Desde el nacimiento hasta la vejez, comienza a influir en cada etapa de la vida humana.
En la economía mundial.
En los mercados.
En los servicios de salud.
En las aulas.
En el empleo y en el equilibrio entre la vida personal y laboral.
Para las juventudes, las implicaciones son aún mayores.
La IA ya está transformando las habilidades y los empleos sobre los cuales construirán su futuro.
Guiar esa transformación supera las capacidades de cualquier país por sí solo, tanto de las grandes economías como de los pequeños Estados insulares.
Pero esta región puede hacerlo de manera conjunta.
Al compartir experiencia, datos e infraestructura computacional, todos los países fortalecen capacidades que difícilmente podrían sostener individualmente: sistemas de alerta temprana, mapas de riesgo climático y mecanismos de respuesta ante desastres.
La región parte además de una ventaja.
Durante veinte años, mediante eLAC, los gobiernos de América Latina y el Caribe han definido conjuntamente sus prioridades digitales.
Hoy, eLAC está convirtiendo los compromisos del Pacto Digital Mundial en una agenda regional propia, garantizando que las capacidades de inteligencia artificial se desarrollen aquí, se compartan aquí y beneficien a las personas que viven aquí.
Excelencias,
Si observan a su alrededor verán científicas y científicos, líderes indígenas, artistas, educadoras y educadores. Tenemos juventudes, personas servidoras públicas y quienes desarrollan esta tecnología.
Cada una y cada uno aporta una perspectiva única.
Cada persona ve algo que quizá las demás no alcanzan a ver.
En nuestro primer encuentro, celebrado en El Cairo, hubo muchos temas en los que coincidimos y otros en los que existieron diferencias profundas.
Ténganlo presente hoy.
No buscamos consenso.
Buscamos curiosidad y honestidad.
Compartan tanto sus preguntas como sus respuestas.
Desafíense mutuamente.
Pregúntense qué significa esta tecnología para una niña en las montañas de Guatemala.
Para un pescador en Barbados.
Para las generaciones jóvenes de Uruguay.
Y para quienes aún no han nacido.
Yo misma hago esa pregunta como abuela, plenamente consciente de que el mundo será muy distinto para mis nietas y nietos.
Pregúntense:
¿Qué necesita esta región para construir una inteligencia artificial guiada por sus propios valores y prioridades?
Vengan con apertura.
Y con humildad.
Porque ningún país, ninguna institución y ningún laboratorio poseen por sí solos todas las respuestas.
Este diálogo no termina hoy.
Continuará en otras regiones y culminará en septiembre en las Naciones Unidas, durante nuestro encuentro mundial.
El futuro de la inteligencia artificial no se decidirá en una sola sala.
Pero puede cambiar gracias a lo que comience en esta.
Cuando nos reunamos allí, América Latina y el Caribe no deben llegar como una nota al pie de una historia escrita por otros.
Deben llegar como protagonistas de un mundo nuevo.
¡Manos a la obra!
Muchas gracias.
[FIN]