Discurso del Secretario General ante la Asamblea General en la apertura del Debate General
El Secretario General insta a elegir cooperación, derechos humanos, justicia climática, tecnología ética y fortalecer la ONU para un futuro común.
Sede de las Naciones Unidas, Nueva York.- Permítanme comenzar con dos palabras que no hemos podido decir lo suficiente en este Salón:
Señora Presidenta,
Excelencias,
Damas y caballeros,
Hace ochenta años, en un mundo devastado por la guerra, las y los líderes tomaron una decisión.
La cooperación sobre el caos.
La ley sobre la anarquía.
La paz sobre el conflicto.
Esa decisión dio origen a las Naciones Unidas, no como un sueño de perfección, sino como una estrategia práctica para la supervivencia de la humanidad.
Muchos de nuestras y nuestros fundadores habían visto de primera mano el infierno de los campos de exterminio y el terror de la guerra.
Sabían que el verdadero liderazgo significaba crear un sistema para evitar la repetición de esos horrores.
Un cortafuegos contra las llamas del conflicto y la Tercera Guerra Mundial.
Un foro para que los Estados soberanos buscaran el diálogo y la cooperación.
Y una afirmación concreta de una verdad humana esencial:
Estamos todas juntas y juntos en esto.
Este Salón de la Asamblea General es el latido de esa verdad.
Por eso, durante décadas, las y los líderes mundiales han venido a este podio único en su tipo.
Por eso están ustedes aquí hoy.
Porque, en su mejor versión, las Naciones Unidas son más que un lugar de encuentro.
Son una brújula moral.
Una fuerza para la paz y el mantenimiento de la paz.
Un guardián del derecho internacional.
Un catalizador para el desarrollo sostenible.
Un salvavidas para las personas en crisis.
Un faro para los derechos humanos.
Un centro que transforma sus decisiones —las decisiones de los Estados Miembros— en acción.
Ochenta años después, nos enfrentamos de nuevo a la pregunta que enfrentaron nuestros fundadores, solo que ahora es más urgente, más entrelazada, más implacable:
¿Qué tipo de mundo elegimos construir en conjunto?
Excelencias,
Tenemos mucho trabajo por delante… mientras que nuestra capacidad para realizar ese trabajo se está viendo recortada.
Hemos entrado en una era de perturbaciones imprudentes y sufrimiento humano implacable.
Miren a su alrededor.
Los principios de las Naciones Unidas que ustedes han establecido están bajo asedio.
Escuchen.
Los pilares de la paz y el progreso se tambalean bajo el peso de la impunidad, la desigualdad y la indiferencia.
Naciones soberanas, invadidas.
El hambre, utilizada como arma.
La verdad, silenciada.
Humo que se eleva de ciudades bombardeadas.
Ira creciente en sociedades fracturadas.
Mares en ascenso que devoran las costas.
Cada uno es una advertencia.
Cada uno es una pregunta.
¿Qué tipo de mundo elegiremos?
¿Un mundo de poder bruto — o un mundo de leyes?
¿Un mundo que es una lucha por el interés propio — o un mundo donde las naciones se unen?
¿Un mundo donde la fuerza hace el derecho — o un mundo de derechos para todas y todos?
Excelencias,
Nuestro mundo se está volviendo cada vez más multipolar.
Esto es positivo — refleja un panorama global más diverso y dinámico.
Pero la multipolaridad sin instituciones multilaterales eficaces conduce al caos — como Europa aprendió de la manera más dura con la Primera Guerra Mundial. Era multipolar, pero no había instituciones multilaterales.
Seamos claros:
La cooperación internacional no es ingenuidad.
Es pragmatismo realista.
En un mundo donde las amenazas cruzan fronteras, el aislamiento es una ilusión.
Ningún país puede detener una pandemia solo.
Ningún ejército puede frenar el aumento de las temperaturas.
Ningún algoritmo puede reconstruir la confianza una vez que se ha roto.
Estas son pruebas de estrés globales — de nuestros sistemas, nuestra solidaridad y nuestra determinación.
Estoy convencido:
Podemos superar estas pruebas.
Y debemos hacerlo.
Porque la gente en todas partes exige algo mejor.
Les debemos un sistema digno de su confianza — y un futuro digno de sus sueños.
Y por eso, debemos tomar la decisión — una decisión activa.
Reafirmar el imperativo del derecho internacional.
Reafirmar la centralidad del multilateralismo.
Reforzar la justicia y los derechos humanos.
Y renovar nuestro compromiso con los principios que dieron origen a nuestra organización — y con la promesa contenida en sus primeras palabras:
“Nosotros los pueblos”.
Excelencias,
Las decisiones que enfrentamos no forman parte de un debate ideológico.
Son una cuestión de vida o muerte para millones.
Al observar el panorama global, debemos tomar cinco decisiones críticas.
Primero, debemos elegir la paz basada en el derecho internacional.
La paz es nuestra primera obligación.
Sin embargo, hoy en día, las guerras arden con una barbarie que juramos no volver a permitir.
Demasiado a menudo, la Carta se emplea cuando conviene y se pisotea cuando no.
Pero la Carta no es opcional. Es nuestra base.
Y cuando la base se resquebraja, todo lo construido sobre ella se fractura.
En todo el mundo, vemos países actuando como si las reglas no se aplicaran a ellos.
Vemos a seres humanos tratados como menos que humanos.
Y debemos denunciarlo.
La impunidad es la madre del caos — y ha engendrado algunos de los conflictos más atroces de nuestro tiempo.
En Sudán, los civiles están siendo masacrados, hambrientos y silenciados. Las mujeres y las niñas enfrentan una violencia indescriptible.
No hay solución militar.
Insto a todas las partes, incluidas las presentes en este Salón: Pongan fin al apoyo externo que alimenta este derramamiento de sangre. Esfuércense por proteger a las y los civiles.
Porque el pueblo sudanés merece paz, dignidad y esperanza.
En Ucrania, la violencia implacable sigue matando a civiles, destruyendo infraestructuras civiles y amenazando la paz y la seguridad mundiales.
Felicito los recientes esfuerzos diplomáticos de Estados Unidos y otros. Debemos trabajar por un alto el fuego total y una paz justa y duradera, de conformidad con la Carta, las resoluciones de la ONU y el derecho internacional.
En Gaza, los horrores se acercan a un tercer año monstruoso. Son el resultado de decisiones que desafían la humanidad básica.
La magnitud de la muerte y la destrucción supera cualquier otro conflicto en mis años como Secretario General.
La Corte Internacional de Justicia ha emitido medidas provisionales legalmente vinculantes en el caso denominado: “Aplicación de la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio en la Franja de Gaza”.
Desde entonces, se ha declarado una hambruna y la matanza se ha intensificado.
Las medidas estipuladas por la Corte Internacional de Justicia deben implementarse — plena e inmediatamente.
Nada puede justificar los horribles ataques terroristas de Hamás del 7 de octubre ni la toma de rehenes, ambos condenados repetidamente por mí.
Y nada puede justificar el castigo colectivo del pueblo palestino y la destrucción sistemática de Gaza.
Sabemos lo que se necesita:
Alto el fuego permanente ahora. Todas y todos los rehenes liberados ahora. Acceso humanitario pleno ahora.
Y no debemos ceder en la única respuesta viable para una paz sostenible en Oriente Medio: una solución de dos Estados, como se reafirmó elocuentemente ayer.
Debemos revertir urgentemente las tendencias peligrosas sobre el terreno.
La expansión y violencia implacables de los colonos, y la amenaza inminente de anexión, deben detenerse.
En todas partes — desde Haití hasta Yemen, Myanmar, el Sahel y más allá — debemos elegir la paz anclada en el derecho internacional.
El año pasado trajo destellos de esperanza, incluyendo: el alto el fuego entre Camboya y Tailandia, y el acuerdo entre Azerbaiyán y Armenia, mediado por Estados Unidos.
Pero demasiadas crisis continúan sin control.
La impunidad prevalece.
La anarquía es contagiosa.
Invita al caos, acelera el terror y arriesga una carrera nuclear sin control.
Cuando la rendición de cuentas disminuye, los cementerios crecen.
Cuando el personal y las instalaciones de la ONU son atacados — violando obligaciones legales — también se ataca el núcleo de nuestra capacidad para servir y cumplir.
El Consejo de Seguridad debe estar a la altura de sus responsabilidades.
Debe ser más representativo, más transparente y más eficaz.
Y más allá de la respuesta a las crisis, debemos abordar las injusticias que encienden los conflictos — exclusión, desigualdad, impunidad y corrupción.
La forma más segura de silenciar las armas es alzar la voz por la justicia.
La verdadera seguridad nace de la equidad y la oportunidad para todas y todos.
Lo que me lleva al segundo punto: debemos elegir la dignidad humana y los derechos humanos.
Los derechos humanos no son un adorno de la paz: son su fundamento.
Los derechos humanos —económicos, sociales, culturales, políticos, civiles— son universales, indivisibles e interdependientes.
Elegir los derechos significa más que palabras.
Significa justicia en lugar de silencio.
Significa proteger la libertad y el espacio cívico;
Avanzar en la igualdad para mujeres y niñas;
Enfrentar el racismo y la intolerancia en todas sus formas;
Proteger a las y los defensores de los derechos humanos, periodistas y la libertad de expresión;
Y defender los derechos de las personas refugiadas y migrantes, para que la movilidad sea segura y esté basada en el derecho internacional.
Los derechos humanos son una batalla diaria — en línea y fuera de línea.
Requieren voluntad política.
Pero la dignidad no es solo cuestión de derechos protegidos.
Es cuestión de derechos cumplidos — a través de un desarrollo inclusivo y resiliente.
Derechos que cierran la puerta a la pobreza y el hambre.
Derechos que abren puertas a la educación, la salud y la oportunidad.
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible son nuestra hoja de ruta compartida para hacer realidad estos derechos.
Pero avanzar por cualquier camino requiere combustible.
La financiación es ese combustible.
Hemos visto lo que puede lograr el desarrollo bien hecho:
En la última década, millones más han accedido a la electricidad, la cocina limpia y el internet.
El matrimonio infantil está disminuyendo.
La representación de las mujeres está creciendo.
Pero los recortes en la ayuda están causando estragos.
Son una sentencia de muerte para muchos.
Un futuro robado para muchos más.
Esta es la paradoja de nuestro tiempo:
Sabemos lo que necesitamos… pero estamos retirando el propio salvavidas que lo hace posible.
Para elegir la dignidad, debemos elegir la justicia financiera y la solidaridad.
Necesitamos reformar la arquitectura financiera internacional para que impulse el desarrollo para todos.
Con Bancos Multilaterales de Desarrollo más grandes y audaces — prestando y apalancando más inversión y financiamiento privado.
Con alivio de la deuda más rápido y justo — que llegue a todos los países en crisis, incluidas las economías de ingresos medios.
Con recursos que permanezcan donde pertenecen — combatiendo los flujos ilícitos y las prácticas fiscales abusivas que roban el futuro a las sociedades.
Y con instituciones financieras globales que representen el mundo actual — con mucha mayor participación de los países en desarrollo.
Elijamos una economía global que funcione para todas y todos.
Elijamos los derechos humanos y la dignidad.
Y demos impulso a una transición justa para las personas y el planeta.
Lo que nos lleva a la tercera elección: debemos elegir la justicia climática.
La crisis climática se está acelerando.
Y también lo están las soluciones.
El futuro de la energía limpia ya no es una promesa lejana. Está aquí.
Ningún gobierno, industria o interés particular puede detenerlo.
Pero algunos lo intentan — perjudicando economías, perpetuando precios más altos y desperdiciando una oportunidad histórica.
Excelencias,
Los combustibles fósiles son una apuesta perdedora.
El año pasado, casi toda la nueva capacidad energética provino de fuentes renovables — y la inversión está aumentando.
Las energías renovables son la fuente de energía nueva más barata y rápida.
Crean empleos, impulsan el crecimiento, protegen las economías de la volatilidad de los mercados de petróleo y gas, conectan a los desconectados y pueden liberarnos de la tiranía de los combustibles fósiles.
Pero no al ritmo actual.
La inversión en energía limpia sigue siendo desigual.
Las redes y el almacenamiento del siglo XXI no se están desplegando lo suficientemente rápido.
Y los subsidios públicos, provenientes del dinero de los contribuyentes, siguen fluyendo a los combustibles fósiles en una proporción de nueve a uno respecto a la energía limpia.
Mientras tanto, las emisiones, las temperaturas y los desastres siguen aumentando.
Y quienes menos responsabilidad tienen, son quienes más sufren.
La ciencia dice que limitar el aumento de la temperatura global a 1.5 grados para finales de este siglo aún es posible.
Pero la ventana se está cerrando.
La Corte Internacional de Justicia ha afirmado la obligación legal de los Estados.
Debemos intensificar la acción y la ambición, especialmente a través de planes climáticos nacionales más sólidos.
Mañana, daré la bienvenida a líderes para anunciar nuevos objetivos.
El G20, los mayores emisores, debe liderar, guiado por responsabilidades comunes pero diferenciadas.
Pero todos los países deben actuar mientras nos dirigimos a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Clima en Brasil.
Acelerando la acción en energía, bosques, metano y descarbonización industrial.
Definiendo una hoja de ruta creíble para movilizar 1.3 billones de dólares estadounidenses anualmente en financiamiento climático para países en desarrollo para 2035.
Apoyando transiciones justas.
Duplicando el financiamiento para la adaptación a al menos 40 mil millones de dólares estadounidenses este año y desplegando rápidamente herramientas probadas para desbloquear miles de millones más en financiamiento concesional.
Y capitalizando el Fondo de Pérdidas y Daños con contribuciones significativas.
Todo esto requiere que gobiernos, instituciones financieras internacionales, filantropías, sociedad civil y sector privado trabajen juntos:
Para proporcionar espacio fiscal a los países en desarrollo y desbloquear nuevas fuentes innovadoras de financiamiento a gran escala — incluyendo gravámenes solidarios sobre sectores altamente emisores y canjes de deuda.
Tenemos las soluciones y las herramientas.
Pero debemos elegir la justicia climática y la acción climática.
Cuarto, debemos elegir poner la tecnología al servicio de la humanidad.
La inteligencia artificial está reescribiendo la existencia humana en tiempo real.
Transformando cómo aprendemos, trabajamos, nos comunicamos — y en qué podemos confiar.
La pregunta no es cómo detenerla, sino cómo orientarla para el bien común.
La tecnología debe ser nuestra servidora — no nuestra dueña.
Debe promover los derechos humanos, la dignidad humana y la autonomía humana.
Sin embargo, hoy en día, el avance de la Inteligencia Artificial (IA) supera la regulación y la responsabilidad — y está concentrado en pocas manos.
Y los riesgos se expanden a nuevas fronteras — desde la biotecnología hasta las armas autónomas.
Estamos presenciando el surgimiento de herramientas para la vigilancia masiva, el control social masivo, la disrupción masiva e incluso la destrucción masiva.
Herramientas que pueden agotar la energía, tensionar los ecosistemas e intensificar la carrera por minerales críticos — potencialmente alimentando la inestabilidad y el conflicto.
Sin embargo, estas tecnologías siguen en gran medida sin gobernanza.
Necesitamos salvaguardas universales y normas comunes — en todas las plataformas.
Ninguna empresa debe estar por encima de la ley.
Ninguna máquina debe decidir quién vive o muere.
Ningún sistema debe desplegarse sin transparencia, seguridad y rendición de cuentas.
El mes pasado, esta Asamblea dio un paso histórico, estableciendo un Panel Científico Internacional Independiente sobre IA y un Diálogo Global Anual sobre la Gobernanza de la IA.
Dos nuevos pilares de una arquitectura compartida:
Conectando la ciencia con la política para aportar claridad y visión de futuro;
Permitiendo que la innovación prospere mientras se promueven nuestros valores y derechos;
Y asegurando que gobiernos, empresas y sociedad civil puedan ayudar a definir normas comunes.
Debemos construir sobre estos mecanismos — y cerrar la brecha de capacidades.
Todos los países deben poder diseñar y desarrollar IA — no solo consumirla.
He propuesto opciones de financiamiento voluntario para desarrollar capacidad informática, datos y habilidades en IA en los países en desarrollo.
Ningún país debe quedar excluido del futuro digital — ni quedar atrapado en sistemas que no puede moldear ni confiar.
Los gobiernos deben liderar con visión.
Las empresas deben actuar con responsabilidad.
Y nosotros — la comunidad internacional — debemos asegurar que la tecnología eleve a la humanidad.
Así que elijamos:
Cooperación sobre fragmentación;
Ética sobre conveniencia;
Y transparencia sobre opacidad.
La tecnología no nos esperará.
Pero aún podemos elegir a qué sirve.
Elijamos sabiamente.
Quinto y último, para alcanzar todos estos objetivos, debemos elegir fortalecer a las Naciones Unidas para el siglo XXI.
Las fuerzas que sacuden nuestro mundo también están poniendo a prueba los cimientos del sistema de las Naciones Unidas.
Estamos siendo golpeados por crecientes tensiones y divisiones geopolíticas, incertidumbre crónica y una presión financiera cada vez mayor.
Pero quienes dependen de las Naciones Unidas no deben cargar con el costo.
Especialmente ahora, cuando por cada dólar invertido en apoyar nuestro trabajo fundamental para construir la paz el mundo gasta 750 dólares en armas de guerra.
Esto no solo es insostenible, es indefendible.
En este momento de crisis, las Naciones Unidas nunca han sido más esenciales.
El mundo necesita nuestra legitimidad única. Nuestro poder de convocatoria. Nuestra visión para unir naciones, tender puentes y enfrentar los desafíos que tenemos por delante.
El Pacto para el Futuro ha demostrado su determinación de construir unas Naciones Unidas más fuertes, inclusivas y eficaces.
Esa es la lógica — y la urgencia — de nuestra Iniciativa ONU80.
Nos estamos moviendo con rapidez y decisión.
He presentado propuestas concretas:
Un presupuesto revisado para 2026 que refuerza la rendición de cuentas, mejora la entrega y reduce costos.
Reformas prácticas para implementar mandatos de manera más eficaz y eficiente, con mayor impacto.
Y propuestas para impulsar un cambio de paradigma en la estructura de la ONU y en cómo trabajan juntas sus partes.
La mayoría de estas decisiones recaen en ustedes, los Estados Miembros.
Avanzaremos con pleno respeto a los procedimientos establecidos.
Juntas y juntos, elijamos invertir en unas Naciones Unidas que se adapten, innoven y estén facultadas para cumplir para las personas en todas partes.
Excelencias,
Mi mensaje principal se resume en esto: Ahora es el momento de elegir.
No basta con saber cuáles son las decisiones correctas.
Les insto a tomarlas.
Crecí en un mundo donde las opciones eran pocas.
Me crié en la oscuridad de una dictadura, donde el miedo silenciaba las voces y la esperanza casi se extinguía.
Sin embargo, incluso en las horas más sombrías, especialmente entonces, descubrí una verdad que nunca me ha abandonado:
El poder no reside en manos de quienes dominan o dividen.
El verdadero poder surge de las personas, de nuestra determinación compartida de defender la dignidad.
De defender la igualdad.
De creer, con firmeza, en nuestra humanidad común y en el potencial de cada ser humano.
Aprendí desde temprano a perseverar. A alzar la voz. A negarme a rendirme.
Sin importar el desafío. Sin importar el obstáculo. Sin importar la hora.
Debemos, y lo haremos, superar.
Porque en un mundo de muchas opciones, hay una elección que nunca debemos tomar:
La elección de rendirnos.
Nunca debemos rendirnos.
Esa es mi promesa para ustedes.
Por la paz. Por la dignidad. Por la justicia. Por la humanidad.
Por el mundo que sabemos que es posible cuando trabajamos como uno solo.
Nunca, nunca me rendiré.
Gracias.